Ningún convenio colectivo por debajo de los 1.000€

La popularización del término “mileurista“, con las implicaciones de formación y precariedad laboral (y civil) que colleva, ha condenado a la oscuridad mediática a un amplio sector de la población activa (nada menos que el 35%) que no tiene la “suerte” de cobrar una nómina que alcance los 1.000 euros al mes: son los submileuristas, trabajadores con escasa formación académica, empleados del sector servicios que requieren poca cualificación para ser desempeñados pero que, sin embargo, son útiles y necesarios como cualquier otro trabajo tanto para la sociedad como para la economía, y son remunerados con entre 600 y 1.000 euros mensuales.

[@more@]

Ser mileurista no es ningún chollo, por supuesto: no es en absoluto agradable ser joven, tener una carrera universitaria, en muchos casos un máster, idiomas, conocimientos de informática, mejor formación académica que tu jefe y sin embargo tener un trabajo precario, una jornada laboral draconiana y un sueldo que no alcanza para soñar con una hipoteca que te subyugue para el resto de tus días ni con un alquiler tan asequible y esperanzador como inexistente que te permita independizarte, y sobre todo condenad@ a un futuro sin expectativas. La generación mejor formada se encuentra ante sí con el futuro más negro.

Pero si ser mileurista es joxxx, el submileurista lo tiene aún peor, es el eslabón más débil de la cadena del empleo: el trabajador más fácilmente sustituible, con menos recursos personales, habitualmente con más cargas familiares y financieras, y por lo tanto más fácilmente “explotable” (si me permiten utilizar esta retórica en el siglo XXI). Es a estos 6 millones de trabajadores (y a la mejora de su calidad de vida) a los que los sindicatos han convertido en prioridad de cara a las negociaciones colectivas próximas: Ahora que la coyuntura económica lo permite, y que el desempleo ha caído a un 8,4%, el objetivo a partir de ahora es que no se firme ningún convenio de los que se negocien a partir de ahora que NO incluya una retribución mínima de 1.000€ para los puestos de trabajo menos cualificados. Los principales beneficiados serán los empleados del sector servicios, mayoritariamente hombres y mujeres, aunque no hay que olvidar que el submileurismo es un mal que afecta al 35% de los empleados a jornada completa.

La cifra de 1.000 euros no es aleatoria, ni corresponde a la moda de los “mileuristas”: el objetivo de los mil euros mensuales para el sueldo pactado en los convenios y el Salario Mínimo Interprofesional responde a la aplicación de la fórmula que recomienda la Carta Social Europea de garantizar unos ingresos básicos equivalntes al 60% del salario medio.

La bonanza económica que se ha mantenido de forma continuada durante la última época (si bien tiene los pies de barro) y los buenos datos sobre creación de paro y mantenimiento del empleo no deben hacer que apartemos la mirada de otros indicadores: la calidad del empelo y los salarios, y la evolución en cuanto a poder adquisitivo de los trabajadores (espcialmente los que se sitúan en las bandas salariales inferiores).

En el contexto de todo lo dicho hasta ahora, me sorprendieron las declaraciones del secretario general de UGT de Catalunya, Josep Maria Álvarez, ayer en la manifestación del Primero de Mayo. Dijo que “durante demasiado tiempo nos han tenido engañados (sic) al hacernos creer que lo más importante es la creación de empleos” y habló de un “clamor contra los salarios bajos“. Supongo que no le viene de nuevas, y que lo dirá recordando lo contestada que fue la política de “contención salarial” que practicaron en las negociaciones colectivas durante la época Aznar; o la oposición frontal a la renuncia de incluir en algunos convenios la cláusula de revisión salarial que protegía a los trabajadores de una pérdida de poder adquisitivo, cláusula por la cual todos los convenios que estuvieran acogidos permitían que las nóminas de los trabajadores que regulaban se revisaran cada 6 meses y contemplaran las subidas reales del IPC… Pero bueno, bienvenida sea su caída de la parra si con ello se gana un aliado más en la lucha por los salarios dignos.

Otros (como Omega), en cambio, que directamente creen que los sindicatos son una lacra para el sistema económico, que nos hace perder productividad. Yo considero que:

  1. Desde el punto de vista histórico, los beneficios que ha logrado el sindicalismo en el mundo son indiscutibles. Hablamos en cuanto a calidad de vida de los trabajadores, por supuesto. La propia celebración del Día Internacional del Trabajo es una muestra de ello, independientemente de cuántas personas vayan a las manifestaciones que se convocan el Primero de Mayo en todo el mundo.
  2. Desde una perspectiva actual, si comparamos el tiempo que los trabajadores dedican al ocio en los países donde los sindicatos son más fuertes, y el que dedican en aquéllos países donde los sindicatos son casi testimoniales, así como el número de horas diarias trabajadas en ambos grupos, apreciaremos claramente que en aquéllos países donde el sindicalismo es más fuerte los trabajadores gozan de más tiempo libre, lo que se traduce en una mejora de la calidad de vida (evidentemente, no es el único factor, pero sí uno de ellos).
  3. Tal vez la desactivación del pode de negociación de los sindicatos se traduzca en una mayor productividad y en un crecimiento mayor de la economía, no lo negaré. Sin embargo, soy de la misma opinión que Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, cuando dijo que

Una economía en la que, año tras año, la mayoría de los ciudadanos viven peor NO es un éxito.

Relacionado: Pijus Economicos – Día del Trabajo Precario

Aquesta entrada ha esta publicada en General. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Els comentaris estan tancats.